viernes, 4 de febrero de 2011

horcón de algarrobo

Aprendieron los caminos de las estrellas,
los hábitos del aire y del pájaro,
las profecías de las nubes del Sur
y de la luna con un cerco.



fotografía propia: Horcón de algarrobo
Construcción de mediados del siglo XIX, en Olta, Pcia. de La Rioja.
Se conserva por haber sido el lugar en el que, en 1863 fue asesinado el caudillo Chacho Peñaloza, durante los años de lucha fraticida, previos a la Organización Nacional.




Los hermanos sean unidos,
Porque ésa es la ley primera.
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea-

Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de "ajuera".

MARTIN FIERRO
Canto XXXII (segunda parte)




Quién les hubiera dicho que sus mayores vinieron por un mar, quién les hubiera dicho lo que son un mar y sus aguas.

Mestizos de la sangre del hombre blanco, lo tuvieron en poco, mestizos de la sangre del hombre rojo, fueron sus enemigos.

Muchos no habrán oído jamás la palabra gaucho, o la habrán oído como una injuria.
Aprendieron los caminos de las estrellas, los hábitos del aire y del pájaro, las profecías de las nubes del Sur y de la luna con un cerco.

Fueron pastores de la hacienda brava, firmes en el caballo del desierto que habían domado esa mañana, enlazadores, marcadores, troperos, capataces, hombres de la partida policial, alguna vez matreros; alguno, el escuchado, fue el payador.

Cantaba sin premura, porque el alba tarda en clarear, y no alzaba la voz.

Había peones tigreros; amparado en el poncho el brazo izquierdo, el derecho sumía el cuchillo en el vientre del animal, abalanzado y alto.

El diálogo pausado, el mate y el naipe fueron las formas de su tiempo.

A diferencia de otros campesinos, eran capaces de ironía.

Eran sufridos, castos y pobres. La hospitalidad fue su fiesta.

Alguna noche los perdió el pendenciero alcohol de los sábados.

Morían y mataban con inocencia.

No eran devotos, fuera de alguna oscura superstición, pero la dura vida les enseño el culto del coraje.

Hombres de la ciudad les fabricaron un dialecto y una poesía de metáforas rústicas.
Ciertamente no fueron aventureros, pero un arreo los llevaba muy lejos y más lejos las guerras.

No dieron a la historia un sólo caudillo. Fueron hombres de López, de Ramírez, de Artigas, de Quiroga, de Bustos, de Pedro Campbell, de Rosas, de Urquiza, de aquel Ricardo López Jordán que hizo matar a Urquiza, de Peñaloza y de Saravia.

No murieron por esa cosa abstracta, la patria, sino por un patrón casual, una ira o por la invitación de un peligro.

Su ceniza está perdida en remotas regiones del continente, en repúblicas de cuya historia nada supieron, en campos de batalla, hoy famosos.

Hilario Ascasubi los vio cantando y combatiendo.

Vivieron su destino como en un sueño, sin saber quienes eran o qué eran.

Tal vez lo mismo nos ocurre a nosotros.


Los gauchos, en Elogio de la Sombra,
Jorge Luis Borges




jueves, 3 de febrero de 2011

árbol celta

Toda civilización posee una cosmogonía, teoría filosófica, mítica y religiosa que explica el origen y organización del universo. El pueblo celta posee su explicación de la creación y origen del mundo, del surgimiento de la vida, de la naturaleza y de los dioses. Tal cosmogonía parte del instante infinito en que sólo existía el vacío, el Ginnungagap, abismo insondable que contenía el germen de la totalidad de las cosas: Niflheim, al Norte, una región brumosa o reino del hielo eterno. Allí murmuraba la fuente Hvergelmir de la cual partían doce ríos helados. Al Sur estaba el reino de fuego, el Muspellsheim, luminoso y caliente, con ríos de aguas ocres y venenosas comparables con el infierno medieval. Estos mundos representan el bien y el mal en constante pugna, principios fundadores de la vida y base de la mitología nórdica.

El concepto del árbol cósmico, como eje del mundo, está presente en todas las mitologías. Lo vemos en el roble de los celtas; el tilo de los alemanes; el olivo de los árabes; el banano de los hindúes; el abedul de los siberianos; el fresno de los escandinavos; etc. El hiomaragi japonés también es valorado como un árbol cósmico, igual que el Boddhi, bajo el cual Buda alcanzó la plena iluminación, por lo que desde entonces representa al mismo Buda en la iconografía primitiva.
Lo es también el árbol del Fruto del bien y del mal del Jardín del Edén y en el Árbol de la Vida Cabalístico. En el caso de la mitología nórdica se expresa con mucha fuerza, procedente de los indómitos bosques del norte de Europa y de toda la cultura celta/nórdica desarrollada alrededor de la sabiduría del árbol y su simbología.


Los árboles y los bosques fueron símbolos de vida y protección en la astrología celta y a su alrededor fue desarrollada su cultura. En su tiempo, los druidas, inspirados en la magia estacional de los bosques, desarrollaron un horóscopo protector, que como la mayor parte de las culturas de su tiempo se encontraba inexorablemente ligado a las fases de la luna.
Los bosques así, representaban catedrales para los druidas, y en ellos se llevaban a cabo sus fiestas, rituales y ceremonias, el poder de los dioses se encontraba místicamente en cada uno de los árboles del bosque, cada árbol era consagrado a un Dios o simbolizaba una virtud.
Se asignó un nombre y una propiedad a cada luna, asimismo, un árbol ha sido asignado a cada luna de acuerdo con sus propiedades mágicas. Cada una de las fases luna – árbol tomaba un género y se encontraba bajo la protección del dios que le amparaba. Era tal la importancia del bosque y de los árboles que albergaba, que cada uno de los caracteres del alfabeto druida se corresponde con las iniciales de sus árboles protectores.
Los celtas asociaron cada árbol con una época del año y usaron un horóscopo compuesto de 21 árboles.

árboles para los equinoccios:

Olivo para el equinoccio de otoño; 23 de septiembre,
Roble para el equinoccio de primavera; 21 de marzo.
Dos árboles para los solsticios:

Abedul para el solsticio de verano; 24 de junio,
Haya para el solsticio de invierno; 22 de diciembre.
Los 17 árboles restantes, Abeto, Álamo, Arce, Avellano, Carpe, Castaño, Cedro, Ciprés, Fresno, Higuera, Manzano, Nogal, Olmo, Pino, Sauce, Serbal y Tilo, distribuidos en periodos equidistantes y opuestos.
La excepción es el Álamo, que cubría tres periodos.



Abedul:
imagen y haiku
Begoña Rotaetxe

http://abeduletxealur.blogspot.com/2011/01/haiku-senda-al-viento.html











Información aportada por Julie:
"Me encanta tu trabajo, tu amor a los árboles. Por algo te llamas abedul el árbol venerado por los antiguos celtas que simboliza el origen y el final de la vida. El dios chamánico Gwydion se transforma en abedul, mientras su ejército es convertido también en diversos árboles. Es el milano real el que anida en este árbol. Gracias Begoña .." Julie
















Sauce
fotografía enviada por Neo, desde Asturias.
En el horóscopo celta, él es "sauce". Y yo .. también.


Gracias Begoña, Julie, Neo !!

miércoles, 2 de febrero de 2011

el camino ..


fotografía. abrazo de árbol
Rosario (Chari) en Burgos

sólo con ser
ya estoy aquí,
bajo la nevada



.......................

El Ginkgo Biloba encierra un misterio histórico que se remota a los antiguos jardines de templos y monasterios orientales, lugar en donde se conservó inexplicablemente después de haber sido extinto en su forma silvestre miles de años atrás, y en donde se consideraba un árbol sagrado.


Este árbol de un elevado significado místico para los orientales, reviste a la vez una importancia clínica extraordinaria, siendo la planta medicinal de origen chino más vendida actualmente en la misma China, en Europa y en Estados Unidos por sus diversos y notables efectos farmacológicos .

Cuenta la leyenda, que hace mucho mucho tiempo, los árboles podían ir de un lado para otro, porque siempre era primavera y el viento soplaba suavemente.
Pero un día los árboles de hojas anchas, que se habían vuelto vanidosos,
desafiaron al viento. Decían que eran tan fuertes y flexibles que ni el más terrible huracán podía arrancarles las hojas. El viento se enfadó muchísimo y acepto el desafío.

Los árboles de hojas finas se refugiaron en las cuevas y en las montañas. Los grandes y de hojas anchas esperaron al viento, y empezó el temporal.

El viento sopló con tanta fuerza, que arrancó las hojas de los más soberbios, pero también arrancó a los pequeños animalitos y a las mariposas.

Un árbol de hojas finas vio a una nube de mariposas azotadas por el viento. Estaban a punto de morir arrastradas por el viento, algunas extenuadas, dejaban de mover las alas y se estrellaban contra el suelo.

El árbol de hojas finas no podía permitir que se perdiera algo tan bello, así que salió de su refugio e intentó salvarlas.

El viento soplaba tan fuerte que arrancó todas sus hojas y algunas pequeñas ramas, pero el extendió sus ramas y todas las mariposas encontraron refugio.

Cuando paró el huracán, las mariposas volaron libres, y fueron en busca de un lugar mas cálido, porque aquel huracán había traído el invierno.
Los árboles no podían moverse ni huir, porque habían transformado sus pies en raíces para no ser arrastrados por el huracán.

El viento pensó que vivir siempre sin hojas era un castigo exagerado, pero aquellos árboles vanidosos no podrían olvidar nunca, que por su orgullo cada año se caerían sus hojas y llegaría el invierno.

Al llegar la primavera, a todos los àrboles les brotaron hojas nuevas, menos al de hojas finas que habia salvado a las mariposas, que no le salió ninguna hoja.
Estaba muy triste y las mariposas al verlo se posaron en el para hacer de hojas, porque le estaban muy agradecidas por haberles salvado la vida.

Nunca nadie ha visto un árbol tan hermoso, hicieron ésto tanto tiempo, que las mariposas se convirtieron en hojas de verdad.

Y así nació el Gingko, el Árbol Sagrado de Japón.





No tengo una fotografía de un Gingko, salvo esta imagen tomada de la red, sin embargo he querido traerlo, contando además la leyenda japonesa porque creo que ilustra sobre la concepción del mundo que subyace en toda manifestación de la vida japonesa.

Casi todos los visitantes de este blog conocen y muchos comparten, el gusto por la poesía japonesa. Como arte, y como concepción filosófica.




Aparece acá, inevitablemente el Haiku-Do, el camino ...


Voy a incluir unas fotografías hermosas que me ha hecho llegar Chari, mi amiga burgalesa.
Ella ama la naturaleza y es aficionada al senderismo, actividad que he podido saber, está muy extendida en la región de Burgos.
Como además, es una alma sensible, algo que se advierte de inmediato en las fotos, las voy a utilizar para ilustrar algunos haikus creados por Masaoka Shiki, autor japonés (1867-1902)
Con seguridad vosotros, al ver los árboles del otoño, o la nieve, .. dejaréis espontáneamente alguno que otro ..



.






fotos: Rosario (Chari)
Burgos

bajando del caballo
en el viento de otoño
pregunté por el nombre del río ..

apoyada a un arbol desnudo
de raras hojas
una noche estrellada..

Nos separamos
y ahora me quedo solo
a la sombra del árbol

Masaoka Shiki


Filosofía y arte oriental

Tanta espontaneidad, tanta poesía desbordada emerge gracias al impulso de tres grandes corrientes filosóficas que confluyeron en Japón. La actitud contemplativa y la búsqueda de la armonía con el orden natural fueron estimuladas por el taoísmo. La unión de la ética con la estética, de lo simple con lo metafísico, devino del confucianismo. Tratar de liberarnos de todo tipo de límites y ataduras racionales fue la aportación del budismo. Por lo tanto, el haiku es una vía espiritual, un dô, un camino de perfección. Es contemplación, liberación, comprensión, identificación y unificación con la Naturaleza y con nosotros mismos.


Expresar nuestros sentimientos, mostrarnos tal cual somos, abrazar la Naturaleza y vivir con plenitud cada segundo, son emociones que buscan salir de nuestra cárcel interior. Mucha gente encuentra en el haiku una manera de mirar nuestro tiempo, tan material y tecnológico, de un modo más sencillo, más espiritual.

.