martes, 8 de septiembre de 2009

aFueRa

Fotografía:
http://www.arteyfotografia.com.ar/3544/fotos/115452/

LA JAULA
Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.


Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.


Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.


Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.

Alejandra Pizarnik




" Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo. "
Aquí Alejandra (Julio Cortazar)

sábado, 5 de septiembre de 2009



El Amor y la Locura
Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.
Cuando EL ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, LA LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: ¿Jugamos al escondite?
LA INTRIGA levantó la ceja intrigada, y LA CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó: ¿al escondite? ¿Y cómo es eso?
Es un juego - explicó LA LOCURA- , en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.
EL ENTUSIASMO bailó secundado por LA EUFORIA.
LA ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a LA DUDA, e incluso a la APATÍA, a la que nunca interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar, LA VERDAD prefirió no esconderse ¿para qué? Si al final siempre la hallaban, la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y LA COBARDIA prefirió no arriesgarse...
Uno, dos, tres... comenzó a contar LA LOCURA.
La primera en esconderse fue LA PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.
La FE subió al cielo y LA ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
LA GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos ...que si un lago cristalino , ideal para LA BELLEZA, que si la rendija de un árbol, perfecto para LA TIMIDEZ, que si el vuelo de una ráfaga de viento, magnífico para LA LIBERTAD. Así terminó por ocultarse en un rayito de Sol.
EL EGOISMO en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero sólo para él.LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arcoiris) y LA PASIÓN Y EL DESEO en el centro de los volcanes.
EL OLVIDO... se me olvidó donde se escondió...pero eso no es lo importante.
Cuando LA LOCURA contaba 999.999, EL AMOR aún no se había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado...hasta que encontró un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.
Un millón, - contó LA LOCURA- y comenzó a buscar.
La primera en aparecer fue LA PEREZA sólo a tres pasos de una piedra.
Después se escuchó a LA FE discutiendo con DIOS en el cielo sobre teología y a LA PASIÓN y EL DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a LA ENVIDIA y claro, pudo deducir donde estaba EL TRIUNFO.
AL EGOISMO no tuvo ni que buscarlo, el sólo salió de su escondite, había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió LA BELLEZA y con la DUDA resultó más fácil todavía pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse.
Así fue encontrando a todos, EL TALENTO entre la hierba fresca, a LA ANGUSTIA en una oscura cueva, a LA MENTIRA detrás del arcoiris (mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta EL OLVIDO...que ya se le había olvidado que estaban jugando al escondite, pero sólo EL AMOR no aparecía por ningún sitio, LA LOCURA buscó detrás de cada árbol, cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas había herido en los ojos AL AMOR; LA LOCURA no sabía que hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra...
EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Realismo mágico (algunos apuntes)

El término realismo mágico nació primero para referirse al arte europeo de entreguerras de la mano del crítico alemán Fran Roh en 1925. Pero pronto empezó a usarse para definir una nueva narrativa hispanoamericana. Ya en los años 30 Borges había hablado de realismo fantástico y más tarde Arturo Uslar Pietri usará el término de realismo mágico para referirse a la narrativa hispanoamericana.

Esta había tenido una etapa realista a principio de siglo que, aunque interesada por la peculiaridad americana, se acercaba a ella desde presupuestos decimonónicos, es decir; desde una estética predominantemente realista. A partir de la década de los cuarenta se produce una renovación en la prosa de la misma manera que antes se había producido en la poesía. Esta renovación se caracteriza precisamente por la atención a la peculiaridad americana desde una estética que aúna el realismo y lo fantástico como forma única de expresar las características del mundo americano. Como Alejo Carpentier, que prefería el termino de lo real maravilloso, creía, el realismo puro es incapaz de recoger la asombrosa realidad del mundo americano. Por tanto el realismo mágico es un intento de renovación literaria muy unido a las renovaciones estéticas de las vanguardias europeas, pues aunque se caracteriza por el intento de reflejar la realidad americana, la mayoría de sus autores tienen un gran contacto con el mundo europeo, tanto con las vanguardias poéticas, como con la novela europea más renovadora. En cierta medida la irrupción de la imaginación y de lo fantástico en la prosa hispanoamericana tiene que ver también con la presencia del mundo onírico en la literatura europea de vanguardia y con lo que se ha denominado fantástico moderno cuyo máximo representante sería Franz Kafka, y sus principales herederos en Hispanoamérica Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. En el realismo mágico encontramos precisamente lo real presentado como maravilloso, o bien lo maravilloso presentado como real. Los sucesos más fantásticos no se presentan, como sucedería en el cuento fantástico tradicional, como algo que asombra tanto a personajes como a lectores, sino como parte de la realidad cotidiana. Asimismo también lo real, lo cotidiano, el paseo por la calle, la reunión de amigos o simplemente ponerse un jersey, pueden tornarse en algo fantástico y maravilloso en la narrativa hispanoamericana. Ambas vertientes de la unión de realidad y fantasía se mezclan en las novelas que en torno a los años cuarenta comienzan a escribirse en América. También estas novelas tienen una preocupación estilística importante y la técnica narrativa se renueva con el uso de formas nuevas de narrar, uso de innovaciones que ya se venían usando también en Europa, como por ejemplo en el Ulises de Joyce. Por tanto la nueva narrativa Hispanoamérica se caracteriza por la innovación estilística y el deseo de desentrañar la peculiaridad americana desde la síntesis de la realidad y la fantasía. Asimismo aparecen nuevos temas, la temática tradicional se ve reforzada no sólo por un nuevo tratamiento sino también por la inclusión de nuevos elementos. Sin abandonar temas propios de la novela realista anterior, como la naturaleza, el mundo indígena, o los problemas políticos, se da cabida al mundo urbano con mayor amplitud que antes, y se da también paso a la reflexión sobre problemas humanos y existenciales. El mundo de las vanguardias europeas, y especialmente el psicoanálisis y el mundo de los sueños influyen también en esta narrativa.

Es en los años cuarenta cuando surge esta nueva narrativa de la mano de escritores como Miguel Angel Asturias, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges o Juan Rulfo. Sin embargo esta renovación narrativa emprendida en los años cuarenta no tendrá su consolidación hasta los años 60 cuando una nueva generación de escritores dé lugar al llamado boom hispanoamericano. Se trata de autores como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, que con el éxito editorial alcanzado en Europa hacen volver la vista a los narradores de décadas anteriores que ya habían iniciado esa renovación que los nuevos autores consagran.

Ya durante el descubrimiento de América, ésta había sido vista por los españoles desde una perspectiva de ficción. Ante la inconmensurable naturaleza americana y la increíble diferencia con el mundo de los conquistadores éstos no pudieron hacer otra cosa que echar mano de su acervo de conocimiento literario, dado que no tenían una realidad con la que compararla, y relacionaron el mundo americano con el descrito en los libros de caballerías, obra de ficción medieval en la que lo maravilloso, lo fantástico y lo claramente increíble se daban cita con total naturalidad. La ficción se hacía realidad en el mundo americano para los conquistadores y éstos ponían nombre a la geografía, a los habitantes y situaciones americanas con el nombre del mundo imaginario de los novelistas europeos. El realismo mágico del siglo XX es en cierta medida el regreso a aquel momento, sólo que ahora se devuelve a los europeos el mundo americano en forma de realidad desde lo fantástico. Los autores americanos mezclan lo mágico y lo cotidiano y dan cuenta de la peculiaridad americana desde una ficción depurada estilísticamente, manejada con técnicas renovadoras como los juegos temporales, la combinación de personas narrativas, el contrapunto, etc. El mismo lenguaje es también enriquecido con los términos de uso americano y el mundo europeo se ve invadido por americanismos como garúa, pollera, vereda, china, etc. El mundo americano vuelve a hacerse mágico para el hombre europeo, como había sucedido con el descubrimiento.

Pero insistimos en que la mezcla de fantasía y realidad surge de una línea directa nacida también en Europa de la mano de narradores como Kafka que pretenden reflejar lo absurdo de la sociedad humana a través de lo fantástico hecho cotidianidad, precisamente como forma de reflejar el absurdo de la existencia. Es en esa línea donde hay que entender el mundo del realismo mágico si bien mezclado con la indubitable diferenciación del mundo americano con respecto al europeo, tanto por su mezcla social como por su variada naturaleza y su complejidad política. Si lo fantástico moderno se pone en Europa al servicio por ejemplo de un pensamiento filosófico existencialista en América lo hace también como identificador de una realidad peculiar, sin descuidar tampoco ni la denuncia social que siguen manteniendo obras del boom que reflejan la injusticia social, y especialmente con relación al mundo indigenista, ni tampoco la problemática de la existencia humana, con cuestionamientos filosóficos y existenciales. Pensemos por ejemplo en la obra de Borges nacida con una amplia vocación filosófica, o la obra de Vargas Llosa imbuida a menudo en la reflexión sobre la desigualdad social y el mundo del indígena, en obras como El hablador, o La guerra del fin del mundo.

La presencia de lo maravilloso en esta narrativa viene desde muy distintos lugares, así desde la presencia de los propios mitos americanos, como sucede en la obra de Miguel Angel Asturias o en la de Alejo Carpentier, hasta la aparición del mundo del subconsciente como sucede en algunos cuentos de Cortázar, o la presencia de las inquietudes existenciales de la humanidad en Borges, pero es principalmente esa presencia del pensamiento mítico del pueblo americano, que surge en esta narrativa para convertirse en vivencia real, lo que constituye el núcleo central de lo que venimos denominado realismo mágico. Los sucesos de obras como las de Márquez responden precisamente a la corporización de los mitos americanos. Se busca ahora la identidad americana precisamente a través de la mitología propia, del folklore, y la mezcla de esa otra realidad que es el subconsciente colectivo con la realidad cotidiana o histórica de los habitantes de América es lo que da lugar a lo real maravilloso, al realismo mágico, al reflejo literario de la peculiaridad americana tanto en sus gentes como en su naturaleza, en su pensamiento, en su pasado y en sus relaciones sociales y políticas. En este sentido el realismo mágico viene a ser como una nueva mitología griega, un intento de plasmar el pensamiento americano a través de sus mitos, de sus leyendas. No es casualidad que muchos de los cultivadores de esta nueva literatura sean folkloristas como Miguel Angel Asturias, o se interesen por manifestaciones artísticas populares como sucede con Carpentier y su investigación sobre la música cubana. La narrativa hispanoamerica comienza a construir una nueva mitología, reflejo de lo cual son la creación de personajes míticos cuya historia encontramos a lo largo de diferentes obras, como sucede con el coronel Buendía, y también la aparición de territorios míticos como la propia Macondo de García Márquez y más aún la Comala, auténtico Hades mejicano, de Juan Rulfo a la que Juan Aparicio, como un nuevo Orfeo va en busca, no de su amada, sino de su pasado, el propio pero también el de Méjico, encarnado en la figura de su padre.

El boom de la narrativa Hispanoamérica y el realismo mágico no pueden identificarse plenamente. El realismo mágico nace en los años cuarenta de la mano de autores que no participaron plenamente del boom de los años 60 o que aunque se beneficiaron de él, no fueron sus cabezas visibles y por tanto no suelen identificarse por el lector normal con aquel fenómeno de los años sesenta. Es el caso de autores como Juan Rulfo o Miguel Angel Asturias, el primero fue Premio Príncipe de Asturias en 1983, y el segundo, Premio Nobel en 1967. Igualmente autores del boom no participan plenamente de las características propias del realismo mágico, es el caso de autores como Vargas Llosa que, a pesar de utilizar recursos narrativos novedosos y participar de elementos comunes del realismo mágico no confunden la ficción y la realidad de la misma manera que los narradores más plenamente imbuidos en el realismo mágico, lo mágico con lo cotidiano no se mezclan de la forma habitual en lo que venimos denominado “realismo mágico”, sino desde otras perspectivas, como sucede por ejemplo en La tía Julia y el escribidor, donde la biografía del novelista se mezcla con la ficción de un autor de folletines que a su vez se vuelven a confundir entre sí dando lugar a un universo propio y diferente. Por tanto habría que distinguir tanto realismo mágico y boom, como dentro de uno y otro una amplia gama de matices muy diversos. Ni la narrativa de Gabriel García Márquez participa de los mismo recursos que la de Vargas Llosa, ni la obra de Juan Rulfo está exenta de las innovaciones narrativas que presentarán las obras del boom. Son términos que se solapan. Pero el primero hace referencia a una estética y el segundo a un acontecimiento editorial, y a un acontecimiento literario de redescubrimiento de una generación de narradores que renovaron la narrativa hispanoamericana influidos sin duda por las innovaciones europeas y a su vez ampliamente conocidos e imitados en Europa, y especialmente en el mundo de habla hispana. Sin duda el boom, más que a una estética común o una temática propia o siquiera la designación de una generación, hace referencia a un fenómeno por el que los narradores hispanoamericanos se hicieron con el sitio que merecían en el panorama literario universal y consiguieron recuperar para los lectores la prosa de sus antecesores que, sin duda, son los auténticos padres del llamado realismo mágico.

Fuente: Notas sobre el realismo mágico- Minotauro Digital.

Gabriel García Márquez

Premio Nobel de Literatura 1982