La mitología es un complejo universo de construcción colectiva que traduce los interrogantes que un pueblo se hace a si mismo, en un determinado momento de la historia.
El mito y las leyendas subsisten en el tiempo, como una ventana hacia lo simbólico, una suerte de puente necesario que conecta razón e intuición.
Esta entrada fue inspirada por mi querida amiga AomaraLuz, a quien le dedico ( amante del cosmos y las estrellas) la belleza de la Cruz del Sur y un relato mitológico perteneciente a las culturas aborígenes americanas, que conoce y admira. Con mucho cariño, amiga.


Fotografías Cañon del Talampaya, pcia. de la Rioja, Argentina- julio 2007



Con su gran tamaño, sus patas extraordinariamente desarrolladas, sus alas inútiles para el vuelo y su cuello largo, el ñandú pasea aún su inconfundible silueta por algunos reductos de lo que fue en un tiempo un vastísimo territorio. No sólo su aspecto es peculiar: muchos rasgos de su anatomía y algunas costumbres atípicas lo agrupan, junto con avestruces, casuarios, emúes y kiwis. Los ñandúes habitan sobre todo en estepas y sabanas, pero también en montes, en bosques y en praderas. En nuestro país existen el ñandú común y el ñandú petiso. El primero habita sobre todo en el centro y en el nordeste de nuestro país y el segundo en la franja cordillerana del Noroeste y de la Patagonia.Se lo llama el avestruz americana. Y fueron los guaraníes quienes lo denominaron ñandú o churí.Prefieren las llanuras a los bosques, y en ocasiones recorren a saltos o carreras, en grupos de hasta treinta. Si no se los molestan, se acercan a los lugares habitados, pero en las zonas en que se los caza, se tornan huraños, ariscos, y corren a gran velocidad, extendiendo sus alas hacia atrás, y cambiando de dirección, estirando una de las alas, para usarlas para lograr ayudarse con el viento. El gaucho y el indio los cazaban usando boleadoras (lazos de tres ramales con tres piedras en sus extremos), para lograr detenerlos en esas carreras veloces. Y si se los enlaza, hay que acercarse con precaución para evitar coces que pueden sorprender al cazador.Si anda tranquilo, tiene andar grave y majestuoso, con la cabeza y el cuello enhiestos. Se alimenta de hierbas, bajando su cabeza y largo cuello. También se alimentan de granos, pan e insectos que atrapan en el aire; a veces no desprecian elementos de metal, monedas, piedritas.